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A propósito de Otar Iosseliani

Miércoles, 3 de Octubre de 2007

Otar Iosseliani comenzó a filmar en 1958, tras algunos cortometrajes realizó en 1967 La caída de las hojas y nueve años más tarde Pastoral, su último trabajo en su Georgia natal, antes del exilio fílmico. En Buenos Aires solamente se había podido ver Hogar, Dulce Hogar y una gran parte de su filmografía en esta retrospectiva organizada por el V Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente; el georgiano es un gran autor, comprometido con sus ideales, a la vez que confusos, cada pobre goza de un guiño de complicidad y cada rico es tratado con una leve mirada burlesca. A la vez, la sensación que deja es de una posición lejana al régimen, como él mismo se declaró, “asoviético”.
Pastoral, al igual que Hogar, Dulce Hogar y que La caza de las mariposas está formada por una serie de viñetas coloridas sobre la vida de muchos personajes, con poca definición y mucho de circunstancial, anecdótico y embutido de una frescura poco habitual.
En tanto que La caída de las hojas, su primer largometraje, cuenta la historia de Niko, un joven y tímido técnico en enología que ingresa a trabajar en una gran bodega y defiende sus principios frente a la burocracia ya instalada, y frente a su amigo que intenta escalar rápidamente en la estructura de la empresa.
A pesar de su declarado asovietismo, La caída de las hojas plantea, metafóricamente y apelando a la parábola, la vejez e inmovilidad del sistema y el cómo los nuevos cuadros soviéticos introducidos tras el histórico congreso del PCUS en 1956 no hicieron más que aprovecharse del sistema y tratar de ubicarse cómodamente sin cambiar nada.
Por su parte, Pastoral trabaja a partir de la simplicidad y se constituye en una comedia despojada de toda crítica social, pese a lo cual también fue censurada en la Unión Soviética como sus dos filmes anteriores.
Formalmente tanto La caída de las hojas como Pastoral transitan un sendero de continuidad estilística; la música está presente de manera constante en ambas, los diálogos se ubican en un segundo plano, para que el sonido ambiente genere en el espectador una sensación de cercanía considerable. Los planos son pausados, pero el movimiento de cámara no lo es, no obstante eso no descoloca a nadie; pasa de un personaje a otro, y el filme sigue transcurriendo, en un devenir constante hacia otra historia, que no será contada del todo.
Vale la pena mencionar que Otar Iosseliani deja en la boca un sabor dulce, de plenitud y de alegría; sin importar que digan sus personajes, se mueven siempre hacia adelante y todos dan con la nota exacta.

La caza de las mariposas

En torno a la vida de los habitantes de un hermoso castillo en un pequeño pueblito francés, Otar Iosseliani desarrolla innumerables personajes que alimentan momentáneamente al relato, pero que jamás se constituirán como figuras principales.
Esta especie de coralidad ya se veía en la deslumbrante Hogar, dulce hogar, la que se estrenó en Buenos Aires hace dos años y única obra exhibida hasta esta retrospectiva del aclamado realizador georgiano residente en Francia desde hace dos décadas.
El filme es fresco, cercano y con gotas de ironía que rebalsan en cada viñeta; y eso es el centro de la película: viñetas. Anécdotas de curas pueblerinos, de viejos aristócratas venidos a menos, de hare kishnas simpáticos, de pésimas orquestas de vientos, de viejos burgueses codiciosos y de una adorable setentona con ánimos de chica de 20. Y esa parece ser la fórmula de Otar, quien tiene 69 años pero se siente de veintipico, y eso se nota en sus trabajos detrás de cámara.

El extraño mundo de Ossang

Jueves, 20 de Septiembre de 2007

F.J. Ossang es una sombra. No se sabe como llegó a escribir, ni a filmar, algo se intuye del porqué es músico; aunque trate de esconder, bajo el manto del suspenso, una imagen de rockero superstar under. Ossang es escritor, es músico, es cineasta. Ossang es excesivo, Ossang es ampuloso, Ossang parece ser muchas cosas, pero no deja que se vea nada sobre él en su cine, poco parece dejar notar a través de la música compuesta por él para sus filmes. Es un tipo raro, trabajos oscuros, con rastros surrealistas, disonancia, alucinación, crítica social extrema; un verdadero freak.
Francoise Jacques Ossang llegó a Buenos Aires a presentar sus tres trabajos cinematográficos respaldado por la organización del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, como si fuese una superestrella internacional, rodeada de un aura de misticismo que él mismo destruyó con cada una de sus amables y simpáticas apariciones. El artista es oscuro, retorcido y se regodea en la cursilería; el hombre es cálido, bonachón y bastante divertido; la disociación es obligada, la dificultad por asir a Ossang es muy alta, el nivel de complejidad puede parecer total; no obstante existe una imagen constante, la del desborde por el desborde mismo, la nada discursiva, la ausencia de toda idea, y el cine al servicio de la ampulosidad.
Su filmografía es mínima, tan solo tres trabajos en los últimos 18 años; el primero de ellos L´affaire des divisions Morituri parte de una cosmovisión del futuro como negación del progreso, la sociedad lleva al hombre a destruirse, a aislarse, a disfrutar de esto. Todos los personajes son tácitamente antropófagos. Las corporaciones multinacionales se limitan a multiplicar sus lazos en pos de la muerte, el dinero solo construye fenómenos no-humanos. Esta característica mítica se encuentra a lo largo de sus tres producciones, como una constante puede verse en Ossang a un pesimista extremo, a un sujeto con esperanzas en que tras la destrucción total del sistema, y una transición en donde la División Morituri, un grupo de gladiadores que nada tiene que perder, pueda lograr pasar esta etapa esquivándole a la muerte; luego del caos se llega a esa esperanza que FJO amaga con filmar.
Le trésor des iles Chinnes es la continuación perfecta de L´affaire…, aquí FJO logra el punto más alto de su filmografía, una película en donde la oscuridad, la desolación, la lucha inútil contra las fuerzas ocultas del poder llevan al espectador a querer huir del llano en llamas. Las Islas Perras son el escenario del post-industrialismo, un lugar falso en donde la naturaleza está ausente y la alucinación le gana a la realidad. Las compañías dominan al hombre, la iluminación gris, los tonos secos y la sobreactuación marcan a fuego un mundo fantástico, lleno de histeria, espasmos narrativos y desparpajo.
En su última película, Docteur Chance, vuelve a tratar los mismos temas, el grado de incoherencia aumenta considerablemente, el guión parece estar construido en la sala de montaje. Las actuaciones antes exageradas ahora sobrepasan el ridículo. Si en L´affaire… y en Le trésor… el poder del dinero alienaba y condicionaba el futuro, en DC hace que la humanidad actúe irracionalmente, que se autodestruya por gusto; que deje de pensar; aún aquellos que reconocen el poder y tratan de combatirlo.
Los tres filmes rodados hasta ahora por FJO son anacrónicos, cada uno de ellos viene envasado con un añejamiento que exaspera, y se inscribe en la página más burda y cursi del cine.
Como guionista se repite escena tras escena, los diálogos carecen de refinamiento, la voz en off se convierte en una pésima guía y los personajes están tan mal delineados que lo que debería ser una indagación sobre motivaciones queda, tan solo, en acciones emotivas, ampulosas y desvariadas. No sabemos si la intención de FJO es presentar a pésimos actores o tan solo es lo que pudo conseguir, pero en el rubro interpretativo la utilización de simbología anti-utópica desborda por un muy mal cauce.
No obstante, los trabajos de F.J. Ossang tienen una gran virtud en cuanto a la creación de atmósferas asfixiantes, ámbitos cerrados en si mismo que invaden los cuerpos de los personajes y los transforman, llevándolos a mimetizarse con ellos. Las Islas Perras son un no-lugar que parece convencer a quienes la transitan; las persecuciones en L´affaire… y en DC recorren sitios imposibles, acordes a las situaciones y con una pertinencia argumental impecable.
En definitiva, el cine de Ossang es desbordante, muy entusiasta y es capaz de resistir una mirada crítica; porque puede disgustar, pero vale la pena gastar cinco horas en conocer a este personaje fuera de serie, más cercano a Johny Rotten que a cualquier director de cine del mundo.