Shaun the sheep (Aardman studios, 2006)
Jueves, 20 de Septiembre de 2007
En el panorama mundial de la animación Nick Park ocupa un destacadísimo lugar junto a los originalísimos Hayao Miyazaki, Jan Svankmajer, Paul Driessen o Bill Plymton, y probablemente sea la conjunción perfecta entre altísima calidad y una independencia tal que su primer gran trabajo, A grand day out, el debut de Wallace & Gromit en el mundo del cine, fue animado íntegramente por él, algo tan inusual como destacable.
Shaun es la recordadísima oveja con gorrito de A close shave, segunda entrega de W&G, Nick Park decidió darle un protagónico y creó Shaun the sheep, una serie de 20 cortometrajes (en su primera temporada) que emitió la BBC y que gracias a quién sabe qué razón tuve la dicha de ver.
La expresividad de los ojos de Gromit vuelven a aparecer en los movimientos de Shaun, la suspicacia y originalidad en la solución de los más insólitos problemas también reaparecen pero esta vez teñidos de una visión aun más naif que en W&G. El rebaño tiene menos necesidades que Wallace, los “malos” son menos malos que el perro robótico o el pinguino roba-diamantes, pero el absurdo no llega tan lejos y las ovejas, como las gallinas en Pollitos en fuga, tienen algunas actividades prohibidas por la propia lógica de la serie, lo que hace que la mínima tensión creada tras cada “misión” funcione de manera correcta y la mezcla de emoción por la acción y la felicidad que genera cada conquista del rebaño sea efectiva.
La perfección de los escenarios, el diseño depuradísimo de cada personaje, la pegadiza pero muy alegre canción con que abre y cierra cada capítulo y la costumbre de Aardman de dejar mucho lugar para la imaginación son un gran acierto de la dupla creativa conformada por Nick Park en las ideas y por Christopher Sadler en la dirección.
Planteada como una serie para niños, Shaun the sheep, vuelve a demostrar que Aardman es el estudio que mejor combina la profesionalidad absoluta con el efecto exacto para que lo infantil atraiga a los mayores y cree una atmósfera en la que los grandes puedan sentirse niños, y los niños puedan ver cine que los trate como tales.
