Fu Zi (Patrick Tam, 2006)

El peor cine asiático parece ser aquel que quiere imitar y repetir aquel cine que se produce del otro lado del mundo. Habitualmente relacionamos el cine de Hong Kong con la apuesta de Wong Kar Wai y la de Hou Hsiao-hsien, una estética compleja en el primero y generalmente despojada, clara y directa en el segundo.

Fu Zi (After This Our Exile en su título internacional, aunque parece ser que en cantonés es Padre) se aleja de la tradición festivalera del cine hongkonés y juega en el límite de lo soportable, juega con el tiempo real y el cinematográfico, impone penas a los personajes a veces sin siquiera merecerlo y les permite redimirse por el solo hecho de resultar mas o menos emocionante para el resultado final, y sobre todo Patrick Tam deriva, no puede ni quiere encaminar a su película hacia ningún sitio y por ello Fu Zi resulta falsamente aleccionadora, sus intentos por emocionar son vacíos y supérfluos y sus mensajes morales están cargados de falsedad y pacatería.

Como historia Tam quiere plantearnos una familia disfuncional, en donde un padre jugador y una madre copera le prestan poca atención a su hijo en edad escolar; la madre después de unos amagues abandona la casa y allí comienza un pleriplo entre marginal y de aprendizaje de vida para el pequeño, quien tiene que aguantar los avatares por los que lo lleva su padre.

El intento de Tam, quien volvió a filmar tras 17 años sin dirigir, de edulcorar con el estupendo trabajo del director de arte Lee Pin Bing (habitual colaborador de HHH) un filme lleno de falsa moralina hunde aun mas a Fu Zi en la típica película de dos caras, una en la cual solamente se ve el desencanto por una historia sin interes, mal contada y con una honestidad cuestionable; por el otro lado todo, esto repleto de recursos cinematográficos preelaborados, aplicados con delicadeza y estudio marketinero con el fin de emocionar e impresionar. Además de esto, la música quiere ser otro punto más de emoción, violines y guitarras en el momento indicado, en aquel en el que hay que sufrir y cuando hay que evocar; molesto y sin sentido.
Ambas facciones jamás podrán llegar a coexistir, la emoción genuina solo se logra en base a emoción, y jamás a esta fórmula digna del cine más ordinario. A pesar de esto, obtuvo premios en el Festival de Cine de Hong Kong, en el de Tokio y el Caballo Dorado en el Festival que se organiza en Taiwán.

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