Archivo de Junio de 2007

Solo duets (Joseph Feltus, 2006)

Miércoles, 20 de Junio de 2007

En El otro, Jorge Luis Borges se sentaba en el banco de una plaza y conversaba con un joven Borges, recordando de su juventud esa charla pero siendo solamente el experimentado quien podía sacar conclusiones: el joven aun debía vivir.
Solo duets, el multipremiado y estupendo cortometraje de animación en marionetas de la dupla creativa compuesta por los hermanos Joseph y Tobias Feltus está inspirado, según sus autores, en Las elegías de Duino del austrohúngaro Rainer María Rilke; sin embargo, y desconociendo esta obra, el tratamiento remite visualmente a los hermanos Quay, temática y filosóficamente al universo borgiano de la duda ante la muerte, la soledad y la ausencia (y presencia) de un otro yo rememorando cada instante de una vida entre funesiana y perdida por las circunstancias.
La música de Erik Satie, repetitiva, genera una sensación de nostalgia que roza el reproche; un joven viéndose morir a si mismo, sin haber aprovechado su vida, sin haber plasmado su amor, todo en el silencio que nos proponen los Feltus, todo acompañado por el piano y la lejana voz de una soprano entonando “Una romantica avventura”.
La luz los ilumina cuando deciden dejarse morir, y cuando el joven Rainer desempolva sus propios miedos hacia la mujer que ama, todo con intenciones entre crípticas, oníricas y por momentos repletos de una plasticidad digna de dos artistas provenientes de la fotografía, pero cuyos trabajos rozan todos los ámbitos posibles de las artes.
Borges y los Feltus recorren la misma problemática, no obstante ambas visiones chocan y de ellas se desprende la tercera opción, incluso las más interesante frente a las complicaciones filosóficas que nos presenta la posibilidad de enfrentarnos a nuestra propia decadencia y a nuestra desaparición: acceder a la visión de los grandes artistas, ellos no descifran absolutamente nada, pero embellecen al infinito nuestra atribulada alma.

Por suerte, fueron premiados en cuatro festivales internacionales y exhibidos en decenas.

Fu Zi (Patrick Tam, 2006)

Domingo, 10 de Junio de 2007

El peor cine asiático parece ser aquel que quiere imitar y repetir aquel cine que se produce del otro lado del mundo. Habitualmente relacionamos el cine de Hong Kong con la apuesta de Wong Kar Wai y la de Hou Hsiao-hsien, una estética compleja en el primero y generalmente despojada, clara y directa en el segundo.

Fu Zi (After This Our Exile en su título internacional, aunque parece ser que en cantonés es Padre) se aleja de la tradición festivalera del cine hongkonés y juega en el límite de lo soportable, juega con el tiempo real y el cinematográfico, impone penas a los personajes a veces sin siquiera merecerlo y les permite redimirse por el solo hecho de resultar mas o menos emocionante para el resultado final, y sobre todo Patrick Tam deriva, no puede ni quiere encaminar a su película hacia ningún sitio y por ello Fu Zi resulta falsamente aleccionadora, sus intentos por emocionar son vacíos y supérfluos y sus mensajes morales están cargados de falsedad y pacatería.

Como historia Tam quiere plantearnos una familia disfuncional, en donde un padre jugador y una madre copera le prestan poca atención a su hijo en edad escolar; la madre después de unos amagues abandona la casa y allí comienza un pleriplo entre marginal y de aprendizaje de vida para el pequeño, quien tiene que aguantar los avatares por los que lo lleva su padre.

El intento de Tam, quien volvió a filmar tras 17 años sin dirigir, de edulcorar con el estupendo trabajo del director de arte Lee Pin Bing (habitual colaborador de HHH) un filme lleno de falsa moralina hunde aun mas a Fu Zi en la típica película de dos caras, una en la cual solamente se ve el desencanto por una historia sin interes, mal contada y con una honestidad cuestionable; por el otro lado todo, esto repleto de recursos cinematográficos preelaborados, aplicados con delicadeza y estudio marketinero con el fin de emocionar e impresionar. Además de esto, la música quiere ser otro punto más de emoción, violines y guitarras en el momento indicado, en aquel en el que hay que sufrir y cuando hay que evocar; molesto y sin sentido.
Ambas facciones jamás podrán llegar a coexistir, la emoción genuina solo se logra en base a emoción, y jamás a esta fórmula digna del cine más ordinario. A pesar de esto, obtuvo premios en el Festival de Cine de Hong Kong, en el de Tokio y el Caballo Dorado en el Festival que se organiza en Taiwán.

Les invisibles (Thierry Jousse, 2005)

Viernes, 8 de Junio de 2007

Bruno es un músico electrónico obsesivo. Está obsesionado con escuchar y grabar las conversaciones teléfonicas de una sala de encuentros, también graba ruidos que vemos en pantalla, hojas secas, visagras oxidadas, su trabajo es crear sensaciones a través de lo que otros escuchan.

Nosotros vemos todo y escuchamos todo, estamos dentro del universo al que Bruno no le permite la entrada a nadie; ni a Noel, su compañero musical, ni a Carole, su productora/amante. A la única que quiere invitar es a Lisa, amante ocasional a quien conoce a través de la línea de encuentros telefónicos y se obsesiona con su voz, a la que graba sistemáticamente para samplearla dentro de sus composiciones.

Pasada largamente la mitad de su corta duración, la película da un pequeño giro y se introduce en un pequeño cosmos distinto, con un toque lynchiano por algunos aspectos más ligados a lo onírico que a la lógica del quiebre que el filme había construido hasta ese momento.

Los sonidos dominan el panorama, y Thierry Jousse le dá al filme una atmósfera compleja, donde la sensación y la sugestión le ganan a la causalidad. El papel de Bruno es interpretado por Laurent Lucas, quien ya nos había deleitado en la también interesante Harry, un amigo que te quiere bien. Por suerte la competencia oficial tiene una gran participante, y no sería raro que varios premios recayeran en Les invisibles.

L`Enfant (Hnos Dardenne, 2005)

Viernes, 8 de Junio de 2007

Los hermanos Jean-Luc y Pierre Dardenne construyen piezas únicas de una ingeniería estética impecable, logran obtener miradas de una sinceridad extraordinaria y es por ello que los diálogos no abundan en sus trabajos, sus actores y la cámara dicen todo, sin remarcar nada y con una honestidad dolorosa.

El trabajo lo es todo, tanto aquel que se encarga de ofrecerle alojamiento a inmigrantes ilegales en Bélgica, como sucedía en La promesa, o quien corta maderas y las lija como hacían los protagonistas de El hijo, o quien vende artículos robados o quizás un (propio) hijo como sucede en L`enfant; y los hermanos belgas creen que documentar a gente trabajando crea verdad, pone al espectador frente a un pedazo de vida diaria, cotidiana y que es imposible crear o no empatía, no se trata de personajes sino de personas.

Sin embargo, el niño al que alude el título del filme no se trata del pequeño Jimmy, quien es un niño como entidad, como todo aquello que no son sus padres, en donde reside la poca decencia/ingenuidad que flota en el aire. Tampoco son niños Bruno y Sonia, quienes con poco menos de la edad de emancipación se aventuran a la vida despojados de todo aquello que depara y sostiene en la infancia, solo son espontáneos en su relación física, el resto es pura adultez, la ausencia de la decencia de un niño puesta al servicio de la vida madura.

El niño es un filme más complejo aún que La promesa y que El hijo, no tanto por su propia construcción, sino por ser deudor y a la vez complementario de los trabajos anteriores de los grandes maestros que resultan ser Jean-Luc y Pierre Dardenne, dos ejemplos de cine comprometido, inteligente y cargado de una belleza que hace doler a los ojos. Es un cine de supervivencia, que pide a gritos sangre.

Otets i syn (Padre e hijo, Alexandr Sokurov)

Viernes, 8 de Junio de 2007

El cine de Alexandr Sokurov suele ser hipnótico, majestuoso, lleno de impulsos visuales, sonoros y con un contenido de clara alusión filosófica, que ataca desde lo onírico las sensaciones de los que se encuentran despiertos. Con Madre e hijo se pudo descubrir a un maestro que crea un paisaje modificado para impactar y compartir el dolor de los protagonistas y un planteo extremo de una incalificable artificialidad. Elegía de un viaje llevaba eso a un punto sin comparaciones, un viaje a través del arte, del tiempo y del cine con Sokurov como único compañero; con lo que podemos ver en El arca rusa una continuación estilística y argumental de estos principios. Moloch camina los mismos senderos estéticos que Madre e hijo, refuerza el papel de la iluminación y deja un poco de lado el uso dramático de los filtros de imagen para enfatizar los espacios vacíos.

Quizás Una vida simple sea el filme de Sokurov más cercano a Padre e hijo, una historia aparentemente sencilla, con un hilo argumental débil, que aparenta todo y no cierra nada, que deja la puerta abierta para entrar por donde más guste el espectador. Y no es facil.

El filme se construye alrededor de la relación de sangunidad y de la necesidad física y afectiva entre padres e hijos. La morosidad narrativa parece no justificarse tanto en este film como en los anteriores del director ruso, sin embargo su personal manera de encuadrar y lograr climas a través de la iluminación, la puesta en escena y la utilización de recursos artificiosos vuelven a conmover y a conseguir adhesiones de manera incondicional.

Srce je kos mesa (2003), Jan Cvitkovic

Domingo, 3 de Junio de 2007

Ni cine esloveno ni cortometrajes eslovenos, tan solo la superproducción balcánica No man´s land (título internacional de Nikogarsnja zemlja) se acercó a nuestro pobre circuito comercial.

Por suerte, en Gijón premiaron a este estupendo cortometraje del multipremiado director de la aún inconseguible en nuestros lares Odgrobadogroba, ganadora en Ljubljana, San Sebastián y Sofía.

Srce je kos mesa El corazón es un pedazo de carne según traductores de esloveno, nos lleva a un lugar complejo, un ser automarginado por su obesidad, su ausencia de vida social y su no pertenencia al mundo occidentalizado balcánico consumista se enamora circunstancialmente de una bella chica con quien realiza unos viajes en colectivo. La observación, el poco movimiento del protagonista contrarestado por el eterno movimiento, por la chica en un gimnasio, al ritmo de la música clásica. Y el silencio, Cvitkovic nos propone elegir nosotros nuestra propia aventura, jugar a enamorarlos, a gritarse, a mirarse y decirse o no todo.

Srce je kos mesa es sensible e inteligente, bella y seria; estaremos atentos al cine del arqueólogo (sí, el muchacho es arqueólogo) Jan Cvitkovic.